Chicos, pero de gran peligrosidad

Jesús festejaba sus 18 años en El Castillo del Abuelo, un antro situado en la avenida San Francisco, municipio mexiquense de Los Reyes La Paz, cuando alguien que le tenía mucha confianza le advirtió: “Felicidades; pero, ahora sí, aguas: ya pueden meterte al tambo grande”. Desinhibido y en compañía de sus amigos, el posible líder de una banda delictiva juvenil autonombrada Los Malosos, repuso: “¿Entambarme a mí? No, yo me llevo primero a los que me pongan enfrente”.

El diálogo anterior —recabado por agentes de la Fiscalía de Homicidios de la Procuraduría capitalina— resultaba premonitorio del destino de este hombre que dejaba de ser muchacho. Jesús estaba a semanas de convertirse en una figura del crimen, al presumiblemente asesinar a balazos a tres adolescentes —dos jovencitas y un varón— en el mismo barrio donde residía: la unidad Ermita Zaragoza, en la delegación Iztapalapa. Jesús —bajito y delgado, orejas puntiagudas, mirada difusa y cejas gruesas— no tramitaba aún su credencial del IFE, pero ya podía verse, el pasado 26 de agosto, posando para fotógrafos de barandilla, sosteniendo con la zurda un revólver como los de policía: .38 Smith & Wesson. Misma arma que le incautaron agentes judiciales capitalinos al momento de su arresto. Mismo rostro y actitud severa con la que —se quejaron por igual—, “nos amenazó de muerte”. Cruzada la edad con la que su caso sería atendido por un Consejo Tutelar, hoy enfrenta un juicio —para adultos— en el Reclusorio Oriente.

Fuente: elunviersal

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